Alimentación Anti-Estres I

Nuestros éxitos físicos, mentales y espirituales podrían ser muy superiores de lo que son, si supiéramos alimentarnos adecuadamente. A continuación damos unas pautas breves:

foto por sakurakokitsa
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 1.    Comer poco es la primera de las precauciones concernientes a la alimentación. Comemos más de lo que nuestro cuerpo necesita “a modo de combustible”. Muchas veces comemos por otras razones que las de la necesidad de “combustible” para nuestro cuerpo. En los paises desarrollados, gran parte de la población se encuentra en estado de indigestión permanente, ya que cada comida empuja la precedente dando lugar a un verdadero embotellamiento digestivo.  La respuesta de estrés suele confundir al organismo haciéndole comer más de lo que necesita pues de hecho la respuesta de estrés produce mas energía al haber más glucosa en el torrente sanguíneo, y por eso en situaciones de estrés solemos comer más que de costumbre. No obstante tambien se puede dar el fenomeno contrario al estar tan ajetreados comer poco o mal, comer corriendo sin pararnos, o comer alimentos que no contienen los nutrientes necesarios.

 2.    Evitar el azúcar, el alcohol y las bebidas excitantes

El azúcar no es en absoluto necesaria para la salud: ¡al contrario! Lo que si es necesario son los glúcidos y vitaminas de las frutas. Al igual que la carne, el azúcar vuelve ácida la sangre. Semejante acidificación contribuye a la hiperexcitabilidad neuromuscular, típica de la espasmofilia. El azúcar desmineraliza al organismo agotando las reservas de magnesio y vitaminas del grupo B. Por sus efectos sobre los mecanismos de la glucosa puede producir un alto nivel de azucar en sangre o de rebote hipoglucemia reactiva lo que produce una función mental deteriorada que se manifiesta como ansiedad y ataques de páncio y tiene una sintomatologia que la medicina convencional trata con ansiolíticos, sin tener en cuenta la alimentación.
El cuerpo hace su propio azúcar, la «glucosa humana», el combustible con que funciona el organismo, sacado de todos los alimentos ingeridos. Pueden convertirse en glucosa, para servir de combustible, las proteínas en forma de aminoácidos, las grasas y ácidos grasos y las féculas, como carbohidratos simples o complejos. Si es necesario se produce el proceso inverso, en que la glucosa es convertida en glucógeno y almacenada en el hígado, o en aminoácidos almacenados en los músculos, o en ácidos grasos que entran a formar parte de los tejidos grasoso. El abuso de los azúcares producirá principalmente grasa, que primero se deposita en las zonas más inactivas especialmente el abdomen, músculos y nalgas; posteriormente, cuando el exceso es crónico, se deposita en los órganos internos, vasos sanguíneos, corazón o riñones. Inversamente, una baja ingestión de azúcar permite al cuerpo cambiar las grasas excesivas en azúcar lista para su uso eliminando las curvas blandas.
No obstante sustituir el azucar por los edulcorantes tampoco es aconsejable pues parece que la mayoría contiene aspartame o glutamato monosodico que inhiben distintas funciones del cerebro afectando las funciones cognitivas como el tiempo medio de respuesta, dificultan la toma de decisiones, alteran la atención y afectan a la memoria.
El alcohol: es una bebida artificial que se obtiene por fermentación (vino, sidra o cerveza) o destilación (licores). El alcohol es un factor de estrés y forma parte de los excitantes. El alcohol mata las células nerviosas produciendo una euforia pasajera e interfiere con la digestión de los alimentos dando lugar a carencias y sobrecargas. Va ligado a carencias de las vitaminas B1 y B6, ácido fólico y zinc, puede conducir a una sobrecarga de hierro y permite el tránsito a la sangre de moléculas tóxicas aumentando la permeabilidad de los intestinos. Los alcoholes fuertes (güisqui, ginebra, vodka…) son demasiado concentrados y queman la mucosa a su paso, favoreciendo (junto con el tabaco) los canceres de lengua y esófago. Hay que desterrar completamente los alcoholes fuertes. En cambio puede admitirse el consumo, en cantidad moderada (uno o dos vasos por comida) de vino o sidra ya que la fermentación se da también en la naturaleza. Un vaso de vino es probablemente menos nocivo que uno de leche (ver lácteos)
Bebidas excitantes: El agua corriente y el zumo de coco son las dos únicas bebidas absolutamente naturales, el zumo de fruta tampoco se da como tal en la naturaleza, por lo cual el organismo no tiene que hacer ninguna digestión pero sirven para hidratar. Por el contrario cualquier otra bebida como
El café y el té incrementan el ciclo de los excitantes y provocan un aumento en la secreción de adrenalina, lo que estimula la respuesta de estrés. Se ha visto que tanto el te como el café tienen efectos negativos sobre el aprovechamiento de los nutrientes y tienen un efecto diurético que provoca la eliminación del calcio. Las personas propensas a padecer esrés y ansiedad tienden a ser especialmente sensibles a la cafeina.
Los refrescos, así como las bebidas “tónicas” (contienen además de azúcar, otros excitantes y aditivos perjudiciales)
El agua es fundamental para la vida, pero lo es aun más cuando estamos estresados. El agua ayuda a elimnar toda la toxicidad de nuestro organismo puesto que el cuerpo es un 80% agua y el cerebro lo es en un 90%. Los síntomas de la deshidratación incluyen. El agua es un conductor de energía y si estamos deshidratados o faltos de agua la energía no tiene conductor. Sed, sequedad de las mucosas y de la piel, sensación de ardor y acidez gástrica, somnolencia, fatigabilidad extrema, y si es más grave, ojos hundidos, pulso acelerado, descenso de la tensión arterial, fiebre, retención de líquidos (por lo que algunos órganos, como los riñones, comienzan a fallar, pudiéndose llegar al colapso y la muerte) son algunos de los síntomas de la deshidratación. La cantidad de agua que uno debe beber varía no solo de persona a persona sino tambien dependiendo de la epoca del año y la temperatura pero se suele indicar unos 8 vasos de agua diarios repartidos a lo largo del dia, pero preferiblemente fuera de las comidas. . Una manera de saber si estamos bebiendo suficiente agua es mirar el color de la orina. Lo correcto es que nuestra orina sea clara. Es una buena costumbre beber un vaso de agua al levantarnos porque el cuerpo no ha bebido durante la noche.

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