Aprender a ligar

ligarEn esta época, con calor, verano, vacaciones… a mucha gente le apetece conocer gente nueva. Pero se encuentran con el problema de ¿y cómo lo hago?
Aunque creamos que no tiene la menor relevancia, la conversación ligera es una herramienta muy útil y práctica para comunicarnos con cualquiera. A diferencia de la conversación más o menos profunda y llena de significados, vehículo a través del cual se transmiten los conceptos e ideas que más le importan a cada uno, la conversación ligera nos facilita la toma de contacto y nos deja sentir con brevedad quién es la otra persona, así como establece un indicador, bastante inconsciente en realidad, de si están o no dispuestos a entablar un intercambio de ideas.
En esquema, cuando me dicen, “que día más bonito hace hoy”, lo que en realidad me están diciendo es “pareces buena persona, me gustaría hablar contigo”. Si respondo que “efectivamente es un día precioso” siento el primer acuerdo tácito con esa persona.
Si la charla continúa puede que surjan más acuerdos; por tanto, estoy ofreciendo mi voluntad de que hablen conmigo. Sin embargo, si respondo, “pues a mí me parece que hace demasiado calor”, indirectamente estoy diciendo “yo no soy como tú”; o “veo las cosas de otro modo”; o “tal vez por eso ya no quieras hablar conmigo” Como vemos todos ellos son mensajes que connotan una sutil barrera.
Durante los primeros instantes en que hablamos con un extraño, o con alguien no demasiado familiar, estamos emitiendo y captando -conscientes o no de ello- tanta información relativa a aspectos globales de la personalidad, que decir algo concreto y con cierta sustancia, en muchos casos supone saturar al que escucha.
Las primeras frases de una conversación deberían ser livianas por cuanto la mayor parte de nosotros necesitamos un tiempo para enfocar nuestra atención y adaptarnos a los estímulos que el encuentro en sí mismo conlleva.
Establecer un diálogo con un extraño resultará más fácil si el contenido del mensaje se ajusta a pautas tan sencillas y concretas como:
1- Que sea fácil de entender.
2- Que sea congruente con lo que ocurre.
3- Que agrade al receptor y no le parezca falso.
4- Que no lo perciba como un ataque.
Poder entablar una conversación en cualquier momento, sobre todo para quien no se considera ducho en ello, refuerza la fe en nosotros mismos y enriquece nuestra experiencia. En general, la primera impresión que causamos en los otros es muy importante, pues constituye el primer paso para establecer una red de contactos.
Las primeras respuestas que nos son devueltas ya indican con claridad si la otra persona está o no receptiva y dispuesta a conversar con nosotros. Quienes temen hacer este tipo de contactos porque suponen que no encontrarán nada interesante de qué hablar con un extraño, están bastante lejos de la verdad.
En primer lugar, porque no sólo no tenemos que comenzar hablando de nosotros ni de nuestros temas, sino que gustosamente le cederemos la palabra al otro; y en segundo, porque dejaremos que sea la otra persona quien determine el tema.

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