Comer sin tener hambre

Si comes cuando fisiológicamente no tienes hambre, estás comiendo en exceso. Si escucháramos nuestro cuerpo y tomáramos conciencia de que nuestro cuerpo no necesita mucha cantidad de comida para estar en buen estado de salud estaríamos más en equilibrio. Muchos estudios están comprobando que podríamos comer bastante menos de lo que comemos en occidente y estar más sanos y menos pesados. Si utilizáramos la comida como carburante que necesita el cuerpo y llenáramos el cuerpo con el carburante necesario para llevar a cabo los comportamientos que necesita y nada más, no acumularíamos exceso de carburante, que se convierte en peso de más, sino que tendríamos el peso ideal.
 
Por ello hay que tomar conciencia de qué es lo que nos hace comer cuando no tenemos hambre fisiológica. La respuesta es las emociones. Estamos intentando “calmar” nuestras emociones utilizando la comida. Muchas personas no somos conscientes que hemos aprendido a calmar las emociones comiendo desde muy temprana edad, posiblemente desde que llorábamos y nos metían el biberón en la boca, tal vez realmente tuviéramos hambre o tal vez era más cómodo tenernos entretenidos.
También puede que hayamos asociado comida con la sensación de confort, la sensación de sentirse querido, acariciado que uno podía sentir de niño cuando le cogían en brazos para darte de comer. O podemos haber asociado confort y placer con las fiestas familiares de celebración en las que la familia compartía mucha comida y mucho cariño y alegría.
 
Si hemos asociado comida con placer, con compañía, con sensación de sentirnos queridos y venimos repitiendo esta conducta año tras año, es obvio que se habrá convertido en un comportamiento automático. Esto quiere decir que es un comportamiento que ya no necesita ser consciente.
Sí hemos asociado comer con placer, con sentirnos queridos, con sensación de confort puede que lo hagamos extensible a comer me ayuda a no sentirme aburrid@, a sentirme más acompañado, a darme gusto después de un duro día de trabajo. Etc. etc.
 
Además cuando un comportamiento nos reporta placer y lo repetimos, no sólo se convierte en automático, sino que además se puede llegar a convertir en adictivo. Adictivo o compulsivo significa que “estamos enganchados” a este comportamiento, de la misma manera que nos enganchamos al tabaco, al alcohol, a una droga. En este sentido la comida funciona como un tranquilizante.
Que significa esto, pues significa que si ahora nos damos cuenta que estamos comiendo emocionalmente y queremos cambiar este comportamiento lo primero que tenemos que hacer es traerlo a la conciencia, es convertirlo en voluntario en vez de automático, y ser conscientes de cuando comemos y qué sentimos cuando comemos.

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