¿Cómo crea el cerebro el dolor?

Cada día hay más casos de personas que sufren un dolor crónico. En Estados Unidos se calcula que hay hasta 100 millones de personas que sufren algún tipo de dolor crónico.
Cuando sufrimos una herida, la parte dañada activa las células nerviosas que mandan una señal de dolor al cerebro, el cual rápidamente la procesa. Este sistema se pone en acción en casos de emergencia para rápidamente poder dar una respuesta y alejarnos de lo que está causando el dolor. Son la amígdala y las estructuras del cerebro límbico las encargadas de alertarnos en caso de peligro. Pero es solo cuando esa señal pasa al cortex cuando el cerebro responde con una señal de dolor. Por lo tanto, la experiencia real de dolor está en nuestra mente, y no en el cuerpo. Y esto funciona así en todos los tipos de dolor.
¿Podemos tener una herida sin sentir dolor? La respuesta es sí. Hace años en las noticias salió un chico que había sido apuñalado por la espalda, y no se había dado cuenta hasta que alguien asustado se lo hizo saber. Fue en ese momento cuando el chico empezó a sentir dolor, en el momento en que tu cerebro procesa la herida.
Y esto funciona de la manera contraria, ¿podemos sentir dolor sin tener una herida física? Un albañil británico se cayó de un andamio y un clavo le transpasó la bota. Su dolor era tan alto que en la ambilancia le tuvieron que sedar. Cuando llegaron al hospital y le quitaron la bota, pudieron comprobar que el clavo había pasado entre sus dedos, sin llegar a clavárselo. Esto es una evidencia de cómo el cerebro puede crear una experiencia de dolor que es tan real como el dolor físico.
Importantes investigaciones han demostrado que el dolor puede ser una respuesta a una herida física, o puede aparecer también en ausencia de una herida o problema físico. Además, los recuerdos o eventos que afectan al subconsciente, como por ejemplo una reacción emociona, pueden crear también dolor porque están relacionados con áreas de control del dolor  del cerebro. Y esta idea nos lleva a otra pregunta:
Nadie niega que un dolor físico puede crear un dolor emocional asociado, pero ¿qué ocurre al revés? Un dolor emocional puede crear también un dolor físico. Y esto es realmente importante en los casos de dolores crónicos donde la medicina no puede encontrar evidencias físicas que expliquen el dolor real del paciente.

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