Déjame, estoy enfadada

Victoria Cadarso www.victoriacadarso.comEl enfado es una emoción de defensa, cuando nos vemos amenazados desde fuera, nos ayuda a proteger nuestro territorio, nuestros límites personales de la invasión de otros. No tiene porque ser únicamente una amenaza física también lo podemos vivir como una amenaza a nuestra persona, a nuestra valía a no sentirnos valorados. Al contrario que la tristeza, que nos recoge, el enfado nos impulsa a actuar.

El enfado es una de las emociones más activas, entendiendo por activas que tiene un poderoso impacto en las relaciones con los demás, el enfado intenso, junto con el miedo son contundentes, nos puede ayudar a preservar la vida marcando limites e incluso ser destructivos. No hay que confundir enfado con agresividad, el enfado es una emoción, la agresividad es un comportamiento. También te enfadas con mayor rapidez cuando estás cansado, tienes calor o estás estresado.

El enfado no expresado, con el tiempo termina estallando de forma incontrolada y muchas veces destructiva. Los arrebatos pueden aliviar el enfado acumulado pero también pueden incrementar la tendencia a dar rienda suelta y volverse mas furioso y explosivo.

Cuando estamos sometidos a mucho estrés una de las primeras manifestaciones es la irritabilidad que puede ir aumentando en intensidad y manifestándose como enfado, ira, rabia, cólera. Con el estrés perdemos la capacidad de equilibrio y balance lo que nos puede conducir a una descarga de agresividad que hubiéramos podido controlar en un estado normal.

La ira es enfado contenido que surge cuando nos encontramos un obstáculo o un tropiezo que se interpone en nuestro camino y nos impide conseguir lo que deseamos. La ira puede llegar a ser una emoción más fuerte que el miedo y la tristeza. Normalmente se suele sentir ira ante las injusticias, los abusos, las trasgresiones.

Podemos sentir rabia de sentirnos tratados injustamente, o de que no nos salgan las cosas como nos gustaría o de sentirnos indefensos ante los problemas cotidianos. La rabia suele bloquear la mente, impide el razonamiento y dificulta la capacidad de dialogar porque normalmente subimos el tono de voz y el tipo de expresión es como de grito.

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