Dime tu color y te diré como eres…

La percepción e influencia de los colores en las personas no se ciñe exclusivamente al terreno visual, como se ha comprobado en varios estudios que señalan que, además de aportar sensaciones y emociones, lo hacen dependiendo de su tonalidad, intensidad y contraste.
Así, la decisión de usar unos u otros para decorar las paredes de nuestra casa, pueden influir y de hecho influyen en estados emocionales tales como el nerviosismo o el relax, la agresividad, la ternura. También está demostrado que, por ejemplo, los colores considerados como brillantes actúan sobre nuestro estado de ánimo como estimulantes, mientras que los colores pálidos lo hacen como relajantes. Evidentemente, el origen de estas aparentes propiedades de los colores no está en los propios colores sino en la asociación mental que, de forma natural e inconsciente, hace el ser humano como consecuencia de lo que podríamos dar en llamar un “aprendizaje cultural heredado.

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