¿Fue el destino o sólo casualidad?

Una anécdota esta siempre directamente relacionada con un acontecimiento reciente en la vida de la persona y aumentara de importancia en función, de la necesidad del individuo de trabajar ese apartado de su vida.

Para poder interpretar una anécdota o casualidad, hay que empezar a creer en el hecho de que cada vez que emitimos una pregunta, el Universo transmite la respuesta. Ello puede probarse fácilmente a través del siguiente ejercicio: Hay que pensar una pregunta por la mañana al levantarse, sobre un asunto que nos preocupe y que no tenemos claro cual es su solución. Durante tres días consecutivos lanzaremos ese mensaje al Universo cada mañana al despertarnos, y permaneceremos muy atentos a las respuestas que llegaran a través de distintas vías. Por ejemplo, un hombre pregunta como mejorar sus relaciones con su esposa y el segundo día, es parado en la calle por casualidad (la casualidad no existe, ya sabemos que por la Ley de Causa y Efecto todo lo que ocurre es causal) por un antiguo conocido, al cual, él admiraba mucho, porque siempre se había llevado bien con su mujer, era el típico caso de libro, de matrimonio en continua luna de miel y por ello, era a la vez admirado y envidiado. En la conversación con dicha persona a parte de las preguntas sociales de rigor, el conocido le comunica a través de sus palabras la importancia de los detalles en las relaciones de pareja. Como él, ha mantenido esa idílica situación con su mujer diciéndole que la ama frecuentemente, comprándola regalos o pequeños detalles en las fechas señaladas y sin señalar, y le enseña una forma nueva de cultivar el amor que él en realidad ya conocía pero que había olvidado.

Uno de los descubrimientos más revolucionarios de la física moderna es la idea de que para describir correctamente un fenómeno, hay que tratar al mismo tiempo al observador y el observado. Ello nos acerca pues a la comprobación de que el hombre y su circunstancia son una unidad indivisible. Así pues, sonará lógico de que relacionemos la sincronicidad o la anécdota con la persona que la está viviendo, y que digamos que el ser humano es responsable de todo cuanto le ocurre. Ya que el azar es algo inexistente, es solo una palabra creada por el hombre cuando no sabe donde clasificar un hecho porque desconoce su causa. En realidad, ¿Qué es una anécdota? Podríamos definirla como el lenguaje de los símbolos que nos ofrece la vida para ayudarnos en la ampliación de nuestra consciencia.

Otro punto importante para que pueda entenderse todo en su conjunto es que somos totalmente responsables de nuestra vida. Es una premisa elemental. Si estamos todavía pensando que el malo, el celoso, el egoísta, el feo, el orgulloso, o el criticón… es el otro, el vecino, el enemigo, resultará complicado penetrar en el mundo de la sincronicidad. No por ello debemos pensar que somos culpables de lo que nos sucede, si no creadores, ¿O acaso, hemos oído alguna vez, de que Vivaldi era el culpable de las 4 estaciones?

La vida es como una película, en la que nosotros asumimos el papel de director, guionista y protagonista absoluto, y los demás son los personajes que intervienen en ella. Y a su través, vamos recibiendo las experiencias que nos proporcionan distintas emociones, para despertar en nosotros, amor, odio, compasión, etc. Y así asumir nuestra propia autoestima y llegar a ser uno mismo. Todo es un holograma en el que somos los creadores de nuestras propias circunstancias.

Por eso la casualidad, la suerte, el milagro, son palabras usadas cuando desconocemos la causa, el origen del efecto que producen. Y es ahí donde las sincronicidades o anécdotas pueden darnos la respuesta y abrirnos los ojos a un mundo de maravillosas realidades.

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