La crisis y las relaciones de pareja

crisis parejaParece que todo el mundo quiere emparejarse. Tener pareja se ha convertido en nuestra sociedad en algo imprescindible y necesario. Desde luego yo mismo he escrito artículos sobre lo positivo que es tener pareja, y lo positivo que es tener novio o novia. Pero nuestra sociedad muchas veces no es precisamente un elenco de virtudes humanas. Más bien comúnmente es al revés: distintos vicios y mucha falta de clase por todos los lados impiden despegar a una civilización que parece que siempre estuvo lastrada por distintos motivos. De alguna manera la actual crisis no es culpa de los políticos: los políticos sólo han sido la punta de la pirámide. El egoísmo generalizado y la falta de ganas de sufrir y de sacrificarse por algo superior (como unas nuevas estructuras económicas), nos han hecho caer en esta “crisis”, que ante todo es una crisis humana. El egoísmo ha sido nuestro único mandamiento durante décadas. Yo mismo estoy cansado de escuchar cosas como “es que a mi no me contratan”, o “yo gano mucho y tengo muchos coches” o “es que es injusto que no tenga trabajo”. La gente sólo piensa en sí misma, desde el egoísmo más antiproductivo posible. Yo no invoco un altruismo para “ir al cielo”; invoco simplemente la vuelta a ese “interés general”, todos trabajamos por todos y así nos beneficiamos a nosotros mismos. Este sistema funciona hasta en la sociedad de las hormigas. Pero nuestra sociedad ha caído en eso que podamos llamar virtudes hasta un nivel por debajo de las sociedades de las hormigas. Aunque esto no es del todo así, no somos tan inmorales, hay datos, por ejemplo:

-El 60% de los españoles estaría dispuesto a renunciar a su coche particular por motivos ecologistas.

-Porcentajes también muy elevados de la población estarían dispuestos a renunciar a prosperar ellos a cambio de más justicia social y más igualitarismo.

Entonces, ¿qué ha pasado? ¿Por qué ha degenerado la virtud en nuestra sociedad? No tiene poco que ver con no hemos conseguido articular un nuevo lenguaje moral después de la “muerte de Dios” pronosticada por Nietzsche (para nosotros la moral sigue siendo el hacer “buenas acciones”, una concepción muy anticuada de moral, pues para mí hasta el vestirnos elegantemente es un acto de moral). Y nos cuesta asimilar que cuando nosotros somos buenos tíos, que cuando somos generosos, altruistas, elegantes,… en el fondo eso sirve para beneficiarnos a nosotros mismosLas relaciones de pareja y la crisis, no para que nos lo pague Dios en la otra vida; o para sentir esa estúpida sensación  de buen samaritano que sentimos cuando los demás nos aplauden por haber hecho una buena obra. ¿Y qué narices tiene que ver todo esto con las relaciones de pareja? Como digo, en otros artículos he ensalzado lo bueno que tiene el tener pareja, novio, novia… Pero en nuestra sociedad la pareja y la relación estable se ha configurado de una forma en gran parte defectuosa. Esto tiene una cosa buena y una cosa mala: la buena es que no nos tendremos que sacrificar mucho por hacer de las relaciones entre hombres y mujeres algo verdaderamente hermoso y elevado; pero la malaes que en vez de subir la concepción de la pareja a niveles sublimes y por tanto, en vez de aumentar la sensación de felicidad que nos puede causar el estar con nuestra otra mitad, nos quedaremos en ese tan detestado por mi nivel intermedio en donde las penas no son muy grandes, pero las alegrías y la felicidad tampoco. Así todos tendremos pareja, estaremos a gusto más o menos a su lado, nos sentiremos arropados y protegidos… pero también sentiremos que estas relaciones utilitaristas y poco curtidas no nos satisfacen del todo. No sufrimos, estamos a gusto, no tenemos necesidades insatisfechas; pero tampoco disfrutamos todo lo que pudiésemos, nos encasillamos en rutinas que nos hacen la vida fácil, pero no feliz del todo. De este modo nos volvemos sujetos conformistas con una bonita casa en donde ya corre algún crío. La política no existe, y entonces dejamos el camino libre a la dictadura de un mercado monopolístico, que empieza a imponer unas regla del juego que empiezan a afectar aún peor a nuestras relaciones de pareja: trabajar 60 horas a la semana. Lo dicen en las noticias de Antena 3:

“Cada vez se vive más en la oficina. Tenemos que adaptarnos a estas nuevas circunstancias…”

Y el publi-reportaje de Antena 3 continuaba mostrando los geniales para ellos avances que se introducirán en el mundo de la oficina: sillones para dormir y así no tener que ir a casa para echarnos la siesta; salones comedores donde poco menos que al modo de la película “tiempos modernos “de Charles Chaplin, comemos a la vez que revisamos algún que otro informe; hasta camas en las que podremos pasar la noche evitando así los odiosos desplazamientos a casa, que nos hacen perder tiempo de poder trabajar en la oficina.

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