Lo que dice tu forma de escribir

Mucho ha cambiado el mundo de la grafología en España desde que, hace unas cuantas décadas, comenzara su andadura de la mano de Matilde Ras.

Durante bastantes años la grafología permaneció ignorada por muchos o infravalorada por otros, limitando su uso, en muchas ocasiones, a la mera curiosidad personal o al morbo que despertaba poder descubrir los rasgos ocultos de los otros. Y esto, a pesar de que en muchos países de Europa y América la grafología ha ocupado y ocupa un papel importante, siendo impartida en muchos de ellos como carrera universitaria.

Hoy día ya nadie pone en duda su enorme utilidad y un gran número de profesionales del mundo de la psicología, la psiquiatría, la medicina, la pedagogía y el derecho, la utilizan como herramienta habitual en su trabajo. Aunque posiblemente el campo más conocido del uso de la grafología sea el de Recursos Humanos, donde la mayoría de las grandes empresas de ámbito nacional e internacional hacen uso de esta disciplina para seleccionar a sus empleados.

La base de la grafología consiste en la espontaneidad y naturalidad con que se ejecutan los trazos del que escribe en los que se ponen de manifiesto los aspectos más íntimos de su psiquismo o lo que es lo mismo de su persona.

Tal como ocurre en la expresión verbal, donde los gestos, la mímica o la actitud del interlocutor ponen de manifiesto sus intenciones, su estado de ánimo o sus capacidades cognitivas, en la expresión escrita estos rasgos quedan al descubierto a través del modo en que organizamos el escrito, como inclinamos la escritura, cual es la firmeza de los renglones o en la forma que elegimos para ejecutar cada letra, como separamos estas últimas o las palabras que componen, que tamaño tienen, si apretamos mucho o poco el útil al escribir y otros muchos parámetros donde quedan perfectamente plasmadas la personalidad y circunstancias que rodean al autor de la escritura.

En apariencia el acto de escribir parece algo tan simple como dirigir un bolígrafo por la superficie de un papel y que fuera la mano la verdadera protagonista de la historia. Y nada más lejos de la realidad. Primero, porque si en lugar de utilizar la mano escribiésemos con el pie, con el codo o con la frente, la escritura seria idéntica a la realizada con la mano y en segundo lugar porque el acto de escribir es una tarea muy compleja en la que intervienen más de quinientos músculos y donde la mano es un mero instrumento de unas estructuras cerebrales que programan, dirigen y controlan cualquier movimiento que hagamos sobre el papel. Podríamos citar algunos nombres de las regiones cerebrales que intervienen en el acto de escribir como son algunas áreas del lóbulo parietal, área motora suplementaria y un largo etc. de nombres que acabarían aburriendo al lector; por ello baste decir que probablemente intervienen en el acto de la escritura, todas aquellas estructuras cerebrales donde se generan las emociones, la creatividad, la memoria, la imaginación, el afecto.…

Es, pues, nuestro cerebro el que se expresa por medio de la escritura; y lo hace motivado por nuestros sentimientos, nuestros conocimientos, nuestras actitudes, nuestras sensaciones nuestros afectos. Incluso la enfermedad y la salud se hacen patentes en las líneas, y también cualquier estado emocional sea de tristeza o alegría, vitalidad o apatía, comunicación o aislamiento, decisión o temor. Porque indudablemente todo está ya impreso en nuestro cerebro.

El grafólogo interpreta un escrito, al igual que el médico, el psicólogo o el psiquiatra interpretan la palabra, de la que recogen una valiosa la información que complementan con los gestos inconscientes que genera el individuo cuando se expresa. Pero hay una diferencia a favor de la Grafología y es que éstos últimos, los gestos inconscientes, son mucho más abundantes y ricos en información, por su difícil control, en la escritura que en la entrevista personal. La expresión hablada se cuida por parte de la persona, pero no así la forma escrita que es mucho más espontánea.

La escritura es pues, la expresión mas sincera de nuestro Yo real y tanto es así que en ciertos momentos de su vida, es el propio individuo, quién rechaza su escritura porque cree ver en ella algo que no le gusta. Y no es así, no es la vista de su escritura lo que le molesta en realidad, sino algún rasgo de su personalidad que está rechazando y con el que no se siente plenamente identificado. Otros intentan imitar el modelo caligráfico de otra persona a la que admiran o les sirve de referente en su evolución y crecimiento, esto suele ocurrir en adolescentes y jóvenes en su proceso de madurez.

Y es que el acto de escribir puede ser tremendamente gratificante y relajante cuando la escritura es armónica serena y ordenada ya que actúa como feedback o por el contrario puede resultar estresante cuando se trata de una escritura desordenada o excesivamente rápida o mal estructurada, lo que puede llevar al individuo a abandonar el hábito de escribir debido a la ansiedad que le genera.

En la actualidad la Grafología se está utilizando en el campo de los recursos humanos, a la vista de la gran información que ofrece acerca de la personalidad del individuo, sus capacidades intelectuales y volitivas, su manera de relacionarse con los demás, sus aspiraciones etc. Pero a mi juicio, la información más interesante que aporta la grafología es la que se refiere a las emociones y los estados de ánimo del individuo en un momento dado, y como, éstos, inciden en su vida diaria. Esa información se presenta como tremendamente útil, en la observación y evolución de las enfermedades y sus tratamientos en medicina.

Del mismo modo, la Grafología es una potente herramienta en el mundo de la enseñanza por la dificultad que entraña la detección precoz de conflictos que interfieren en el desarrollo del escolar y de los que se derivan otros, de tipo emocional, como la inseguridad, la baja autoestima, la falta de estímulos o el bloqueo intelectual, difíciles de ser reconocidos por el propio adolescente o por sus padres y profesores. Muchos de estos problemas podrían ser detectados con un simple estudio de la escritura del escolar ya sea al inicio del curso o en el transcurso del mismo, lo que permitiría dar una respuesta adecuada al problema.

En resumen, puede afirmarse que a través del análisis de la escritura es posible detectar cualquier estado de ánimo que pueda darse en la persona en un momento determinado, ya sea depresión, ansiedad, angustia, apatía, optimismo o agresividad entre otros y elaborar de una forma rápida y exhaustiva el perfil de su personalidad.

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