Los engranajes del enfado

El sentimiento de enfado es el resultado de sentir que hemos sido tratados injustamente o que no somos respetados, y que no queremos aguantarlo más. Estos pensamientos y sentimientos estimulan la adrenalina del cuerpo que nos preparar que enfrentarnos a la situación. Los pensamientos (“Esto no es justo”), las sensaciones (el enfado, tensión muscular, aceleramiento del corazón, respiración más rápida, sensación de calor, sudoración…) y la conducta (gritar, ser sarcástico, amenazar, insultar, adoptar una postura corporal amenazante…) son partes del mismo proceso, que llamamos el Ciclo de la rabia.
La rabia o el enfado excesivos pueden crear problemas en nuestras vidas, tanto en las relaciones personales como en las laborales. A menudo después de una explosión de enfado nos sentimos culpables, nos criticamos, nos sentimos avergonzados o nos sentimos muy cansados, muy bajos de energía.
Como he dicho antes, el enfado es una emoción natural y no es negativa. El problema  es cuando somos fácilmente irascibles, cuando nos enfadamos a menudo, cuando no podemos controlar nuestra rabia. Ahí es donde empieza a ser un problema y la clave está en entender por qué estamos enfadados realmente, cual es la razón de nuestro enfado. Normalmente en estos casos la razón suele estar dentro de nosotros y la situación actual nos conecta con ello, con algo de nuestro interior o con una situación similar del pasado, y es esa la chispa que hace que explotemos.
La rabia tiene distintas partes que funcionan como una máquina, es importante darnos cuenta de cada uno de esos engranajes para ver de qué está hecho nuestro enfado. ¿Cuáles son esos engranajes?

  • Sentimiento de alerta, cuando algo nos despierta la sensación de que estamos en peligro y nos ponemos alerta. Identifica esa sensación física en ti.
  • Respuesta física: aumento de la adrenalina, calor en el rostro, manos frías, aceleramiento del corazón.
  • Pensamientos: “esto es injusto” “siempre me pasa a mi” “no lo voy a consentir” “tiene que respetarme”
  • Actitudes defensivas
  • Comportamiento agresivo: gritar, amenazar, señalar con el dedo…
  • Emociones: frustración, deseo de venganza, irritación, culpa, depresión…

 
Este es el primer paso para controlar tu rabia. Cuando la vuelvas a sentir, párate y analiza cada uno de esos engranajes, tómalo como un proceso de descubrimiento de tus procesos interiores.
Cuando lo  tengas, pasaremos a la siguiente etapa de control del enfado.

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