Los pensamientos circulares que no llevan a nada

Los pensamientos circulares no te llevan a nada.

La preocupación más que producir una reacción en el organismo es un estado psicológico o mental que genera una espiral de pensamiento circular en el que se le dan vueltas a pensamientos una y otra vez y que puede ser difícil de detener. Toda preocupación se basa en una anticipación, el intentar evitar algo bien sea un peligro o a perder algo. En positivo la preocupación es una actitud de prevenir de prepararse de antemano y una vez que ha analizado las posibilidades consigue tranquilidad y paz interior que son las cualidades opuestas a la preocupación. En su justa medida, la preocupación representa una energía que busca una salida positiva a situaciones de conflicto, pero cuando esa energía se mantiene por un tiempo prolongado, sobreviene la intranquilidad lo que consume la vitalidad del organismo. Además la preocupación muchas veces es silenciosa, es decir que no la compartimos, nos la tragamos para evitar mostrar el verdadero estado emocional que subyace en el interior.

El pensamiento repetido, obsesivo y recurrente con el que se manifiesta la preocupación nos impide darnos cuenta de las posibilidades de transformación y cambio, nos negamos a ver diferentes alternativas, es monotemático.

La preocupación surge por el desconcierto ante los cambios, el tener que tomar decisiones, la necesidad de superar etapas y en general la sensación de incertidumbre. Aunque en un grado normal puede ser positiva porque nos prepara ante posibles dificultades, cuando se instala de forma continúa crea desorden y poca claridad mental.

La preocupación es el núcleo fundamental de la ansiedad. La pre-ocupación nos mantiene anticipando lo que puede acontecer en el futuro, en un bucle dando vueltas a las cosas en la cabeza una y otra vez. Contrario a la preocupación estaría la reflexión, el pensamiento constructivo que nos permitiría anticipar los posibles problemas para dar con soluciones adecuadas.

La preocupación normalmente se basa en alguna situación ya vivida que hace que nuestro cerebro anticipe un peligro potencial y se prepare disparando la reacción de miedo. La preocupación es en cierto modo una especie de ensayo en el que consideramos las distintas alternativas de respuestas posibles. El problema surge cuando la preocupación se hace crónica y reiterativa creando un bucle que se intensifica y persiste y que resiste cualquier razonamiento.

Parece ser que el ciclo de la preocupación se mantiene porque aparenta tener una función positiva y es anticipar las amenazas potenciales para encontrar posibles soluciones. Si bien encontrar posibles soluciones es positivo el  quedarse en este ciclo puede desembocar en nerviosismo, obsesiones y ataques de ansiedad. El denominador común de todas estas reacciones es una falta de control sobre el ciclo de la preocupación, es como un disco rayado que se queda en el mismo surco y no salta.

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