Mindfulness para dolores crónicos

Cuando sentimos dolor, queremos que desaparezca rápidamente. Y es totalmente comprensible. El dolor crónico es algo terriblemente frustrante y debilitante. La última cosa que queremos hacer es prestar más atención a nuestro dolor. Pero esa es la premisa fundamental detrás del mindfulness, una práctica muy efectiva para tratar el dolor crónico.
Goldstein define el mindfulness como “prestar atención a algo a propósito, con atención plena y con una nueva manera de mirar”. Es decir, en vez de enfocarnos en lo horrible de nuestro dolor y en que queremos que pare, vamos a prestar atención a nuestro dolor con curiosidad y sin juicios.
Este acercamiento al dolor es muy diferente a lo que nuestro cerebro está acostumbrado a realizar cuando experimentamos dolor. Nuestra mente cuando sentimos dolor se embarca en un montón de pensamiento negativos, lamentos y juicios, entramos en un círculo donde nos lamentamos por el dolor que sentimos, y deseamos que acabe ya. Según Goldstein, juzgamos el dolor y eso solo lo hace peor. Los pensamientos negativos no sólo incrementan el dolor, sino que aumentan nuestro nivel de ansiedad y de depresión.
El mindfulness nos enseña a tratar nuestro dolor con curiosidad, sin juzgarlo. Y a controlar nuestras expectativas. Cuando pones muchas esperanzas en que algo funcione, y no lo hace, los pensamientos negativos vuelven con más fuerza, “no sirve para nada” “no hay nada que me vaya a ayudar”. En mindfulness no hay objetivos, nuestra meta no es reducir el dolor, sino aprender a relacionar con él de una manera diferente. Es cómo si preguntásemos a nuestro dolor: ¿qué puedo aprender de ti? ¿de qué me doy cuenta?
El mindfulness se basa en la capacidad de darnos cuenta, en el “awareness”, que no es lo mismo que la capacidad de pensar sobre lo que nos pasa. Darnos cuenta es vivir con consciencia. Por ejemplo, muchas personas con dolor crónico sienten que el dolor está cada minuto del día, que ellos son el dolor. Tras unas semanas de práctica de mindfulness empiezan a darse cuenta de que hay picos de dolor, otros momentos donde es más leve y otros momentos donde no hay dolor. Y esto les ayuda a rebajar la frustración y la ansiedad.

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