No me hables de estrés que me estreso

Todos tenemos distintos niveles de estrés, los que menos estrés tenemos casi no lo notamos excepto por algunas sensaciones, que son incluso agradables y que nos proporcionan una sensación de excitación y energía que nos pone en marcha, o que nos da marcha para hacer cosas.

Otros, los que viven en un mundo de constantes cambios, prisas, distintas actividades a lo largo del día, sufren los efectos del estrés padeciendo ciertos síntomas molestos que normalmente no saben a que obedecen como por ejemplo la irritabilidad, el insomnio, la falta de concentración, la sensación de pérdida de memoria, por enumerar los menos graves, hasta la ansiedad, el miedo, los ataques de pánico, las fobias de todo tipo, la depresión e incluso inapetencia e impotencia sexual. Y además si el estrés persiste, porque no le prestamos atención cuando empezamos a tener todas las emociones negativas ya enumeradas, el cuerpo se enfada y para obligarnos a pararnos manifiesta una enfermedad psicosomática entre las que están: tensión arterial alta, taquicardias, todo tipo de trastornos digestivos, colon irritable, dolores de cabeza entre otras muchas más.

Si llegamos a la enfermedad psicosomática muchos, por no decir la mayoría no relacionan el estrés con la enfermedad, sólo se lamentan de su suerte, se toman los medicamentos prescritos por la medicina convencional y esperan, no muy pacientemente a que se les pase. Y se les pasa, se les pasan los síntomas, porque al sentir un alivio al no sentir el malestar creen que ya están “curados”. Sin embargo, la ausencia de síntomas no quiere decir que se ha eliminado el estrés de hecho el estrés continúa haciendo labor destructiva dentro del organismo. Depender de medicamentos para aliviar el estrés puede agravar la situación ya que, lo que estamos haciendo es eliminar las señales de alerta que el cuerpo nos provee y que nos indican que debemos reducir la carga que estamos imponiendo a nuestro organismo.

Hoy en día existen unos tests para medir el nivel de estrés y relacionar la cantidad de estrés vivida con la manifestación de emociones negativas y/o enfermedades psicosomáticas en un plazo de año y medio o dos años después de ciertos acontecimientos estresantes, que no tienen que ser desagradables también pueden ser agradables como una boda, cambio de casa, ascenso en el trabajo etc. etc. Acumular estrés necesariamente va a producir una perturbación en el sistema electromagnético de nuestro organismo y esto conllevará emociones negativas cuanto menos y alteraciones psicosomáticas cuanto más. No se trata de ser alarmistas, se trata de prevenir, y para ello lo importante es estar informados entender bien que es el estrés y estar preparados para afrontarlo.

El estrés es el resultado de las respuestas automáticas, que tiene nuestro organismo (cuerpo-mente) ante estímulos, tanto internos como externos, que percibe como amenazantes y que le preparan (como a todos los animales) para la acción en forma de lucha, huida, congelación, desmayo; pero si no se lucha ni se huye, porque la sociedad actual no lo permite, o se queda congelado o se desmaya se acumula la energía que se ha almacenado, y esta energía si no se libera se acumula y acumula hasta que la “olla estrés” que no ha podido ir soltando el estrés poco a poco llega un momento que estalla por donde puede: emociones negativas, o enfermedad psicosomática.

¿Qué podemos hacer? Prevenir el estrés, evitar llegar al punto donde esta energía que no hemos liberado afecte a nuestro organismo (cuerpo-mente) de una manera que nos resulta incapacitante, y por ello hay que considerar los factores que intervienen en el estrés.

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