Origen del beso

Para algunos, el beso data de los días en que los hombres prehistóricos se chupaban mutuamente para lograr la sal que necesitaban en los días de calor.
Otra explicación es la de la alimentación, aclara Desmond Morris, autor de “EL mono desnudo”: “En las sociedades prehistóricas, las madres alimentaban a sus bebés dándoles con su boca los alimentos ya masticados”. Que el hombre actual tenga impresa en sus genes esa sensación reconfortante, podría explicar la teoría de que, a través del beso, los amantes desarrollan una mayor propensión a crear lazos fuertes, lo que incluye el deseo de formar una familia.
Una teoría diferente habla del origen del beso como un vestigio del ser humano del canibalismo.
Hay quien defiende que el beso es una prolongación de la lactancia. Lo cierto es que los bebés parecen nacidos para besar. Emplean sus bocas como nexo entre el mundo exterior e interior y examinan los objetos que llegan a sus manos con la boca.
Pero la nueva teoría que ha hecho a todos arrugar la nariz, asegura que el beso nació como una necesidad. Cuando los cavernícolas necesitaron sal para complementar su dieta, les dio por lamer el rostro de sus amigos para recoger el sudor.
A fines del siglo XVII, los ingleses eran el pueblo más “besucón del planeta”. De pronto se les quitó la costumbre. La razón estuvo en la gran peste bubónica que asoló Inglaterra en 1665, y que se propagó fácilmente debido al beso. A partir de entonces ya nadie besó como antes.
Pero el beso es algo cultural, el llamado beso francés (con intercambio lingual) es considerado repulsivo en algunas culturas. En nuestra cultura es la conducta erótica por excelencia. Besar es una conducta erótica consentida e incluso requerida en ocasiones como ante un altar donde la pareja se besa para sellar su vínculo amoroso.
El beso sólo lo compartimos con nuestros primos los primates, mientras que el coito lo compartimos con el resto de los animales. Tal vez el beso simboliza una conducta evolucionada (face to face en vez de “coito a tergo” o penetración posterior).
David D. Coleman señala que “muchos hombres son demasiado agresivos, ásperos, precipitados e incultos cuando besan. No conocen las cuatro P: paciencia, pasión, parsimonia y presión adecuada, por lo que dejan pasar gran parte del placer”. El beso en la boca es sólo un ejemplo del sentido del gusto, porque este sentido se da igualmente en el sabor de la piel, en todo el cuerpo. Algunas parejas siente preferencias por saborear distintas partes del cuerpo, lo que para algunas parejas es apetecible para otras carece de interés. Un ejemplo puede ser la práctica de la felación o del cunnilingus, práctica habitual en algunas parejas mientras que supone un ataque al pudor en otras parejas. Las caricias buco-genitales no son ni una indecencia ni una aberración, son muestras de ternura y de amor en muchas parejas. No podemos criticar la forma de quererse , pero siempre debemos respetar la libre elección de cada pareja.

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