¿Por qué como cuando no quiero?

Seguro que te ha ocurrido el no querer comer para “mantener el tipo” y has acabado dándote un atracón y sintiéndote super culpable por no haber podido controlarte. No eres la única persona a quien le ocurre esto, pero aunque como dice el refrán “mal de muchos consuelo de tontos” lo cierto es que muchos nos sentimos más que tontos por no saber o no poder controlarnos y esto es debido a que nos sentimos divididos. Una parte de nosotros quiere confortarse comiendo y otra parte nos critica y nos juzga por no tener suficiente voluntad.
 
Cuando nos encontramos divididos sentimos mucha ansiedad y esa ansiedad nos hace sentirnos nerviosos, inquietos, y nos pide que hagamos algo para tranquilizarnos. Cuando éramos bebes y nos daban de comer también nos cogían, nos prestaban atención y nos confortaban lo que nos tranquilizaba ya que sentíamos que había alguien ahí para nosotros. Buscar la comida de forma inconsciente es un patrón o comportamiento que nos lleva a querer  encontrar una forma de confortarnos y regular nuestras emociones.
 
Nuestras emociones tienen mucho que ver con nuestras relaciones, nos están indicando como nos sentimos referente a alguien o a algo. Las emociones son energía que nos motiva a hacer algo, nos pone en marcha, nos indican como nos sentimos con referencia al entorno en que nos movemos.
 
Si aprendiéramos a manejar nuestras emociones y estados de ánimo nos sería mucho más fácil manejar la comida, porque realmente no necesitamos comer tanto como comemos en occidente. En realidad no comemos en exceso porque tenemos  exceso de  hambre sino porque tenemos emociones que queremos calmar.
 
Podemos comer por tristeza o soledad, por enfado o rabia, por preocupación pero sobre todo por ansiedad y esa ansiedad tiene mucho que ver con como nos percibimos a nosotros, a los otros y al mundo en que vivimos y nuestro lugar en el.
La ansiedad es una sensación de no controlar, de no ser capaz, de sentirse inadecuado, de sentirse sin los recursos para manejar nuestra vida y esto nos hace sentirnos pequeños, inseguros, e incapaces.  La ansiedad nos conecta con esos momentos en los que no nos creímos capaces de valernos por nosotros mismos, esos momentos en que nos sentíamos dependientes de los demás.
 
Sin embargo la buena noticia es que podemos aprender a ser independientes y a manejar la ansiedad y con ello a manejar la comida. Para ello tenemos que aprender a conocernos a nosotros mismos y darnos cuenta de nuestros recursos y capacidades, porque aunque no te lo creas todos tenemos la posibilidad de desarrollarnos y crecer personalmente.
Te recomiendo el libro de Victoria Cadarso, “Las emociones ¿engordan o adelgazan?”

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