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¿Por qué no siempre funciona la terapia?

Porque obviamos parte de la realidad, porque solo nos centramos en los síntomas que trae la persona a consulta y no vamos al origen que los provoca. Porque nos centramos en lo intelectual (como la psicología cognitiva), o los comportamientos que tenemos (la psicología conductual), o buscamos la expresión emocional sin tener en cuenta los recursos para hacerle frente.
A menudo en los procesos de supervisión nos encontramos con terapeutas que demandan más formación, herramientas prácticas y recursos para ayudar a sus clientes a superar los problemas que les traen a consulta.
¿Cómo ayudar a una persona que sufre una fobia durante años? ¿Cómo ayudar a elaborar el duelo de alguien muy querido? ¿Cómo curar el trauma de un abuso infantil? ¿Cómo trabajar con la disociación? ¿Cómo rebajar la ansiedad continua sin ansiolíticos?
Se debe abordar la problemática desde todas las partes constituyentes de la persona: desde lo emocional, lo mental, lo físico y lo energético. ¿Cómo vamos a reducir la ansiedad física si la persona, desde lo mental, sólo sabe repetirse “esto es horrible, no lo soporto”? ¿Cómo vamos a conseguir que afronte una dificultad del día a día si no tiene energía para levantarse o tomar una decisión? ¿Cómo reducir el sentimiento de culpa aún cuando racionalmente sabemos que no pudimos evitarlo pero ocurrió? Las emociones afectan a nuestra manera de interpretar la vida, las manifestaciones físicas (como los desarreglos hormonales) afectan a lo emocional, y lo que pensemos afecta a lo que sentimos, por lo tanto es obvio que necesitamos dar un soporte integral a la persona ¿verdad? Que necesitamos un tratamiento que sea una intervención eficaz y real a la problemática física, cognitiva y emocional.
La Psicología Energética aporta protocolos de intervención específicos y estructurados cuyo fin es el equilibrio del organismo, entendiendo por organismo toda la complejidad de lo que la persona es: su parte emocional, su parte cognitiva-mental, su parte física y su parte energética.
Esta vertiente de la Psicología integra la Psicología Humanista aplicada con la Neurociencia, poniendo el foco de atención sobre las emociones actuales, las que están perturbando nuestro presente, para resolverlas y para ello se apoya en los avances de la neurociencia que por medio de diferentes técnicas potencia la capacidad natural de nuestro cerebro para procesar información y eventos impactantes y dolorosos.
Los protocolos energéticos son combinados con técnicas de la psicoterapia Gestalt, el Análisis Transaccional, los avances de la Neurociencia sobre el funcionamiento del cerebro, el Psicodrama, las bases de la Inteligencia Emocional, el desarrollo de los procesos de duelo y los efectos terapéuticos del Mindfulness.
Cuando la persona sufre un evento traumático (un divorcio, una muerte, un accidente, una humillación…) se generan  multitud de emociones y sentimientos y si en ese momento la persona no sabe cómo manejarlos entran en acción los mecanismos de defensa, que como su nombre indica defienden a la persona de todo ese dolor y lo hacen reprimiéndolo, negándolo, proyectándolo… porque en ese momento la persona no es capaz de poder soportarlo. Pero el hecho de que el dolor no sea consciente no quiere decir que desaparezca, esas emociones se van acumulando y provocan un malestar a la persona, que antes o después se irá haciendo consciente, o saldrá a la luz en forma de enfermedad somática, conflicto en las relaciones, sensación de vacío e insatisfacción…etc.
La labor del terapeuta no es quitar el síntoma, tampoco es desmontar los mecanismos de defensa que son la mayor riqueza de la que dispone una persona pues es su modo de sobrevivir y protegerse del entorno. La labor del terapeuta es ayudar al cliente a que tenga unos recursos suficientemente buenos para hacer frente a ese dolor que anteriormente no pudo manejar, poder traerlo al presente y darle una solución. Para ello utilizan una de las técnicas más conocidas: EFT, que es una técnica de liberación emocional basada en los principios de la acupuntura de la Medicina China y cuyo fin es rebajar la intensidad de las emociones negativas como la ansiedad, la ira, la tristeza, el miedo… Esta técnica es fácil de enseñar al cliente para que pueda aplicársela en su casa, de manera que los procesos terapéuticos son más rápidos y más breves.
Muchos de los dolores que se van guardando en la “cajita de lo que no se quiere ver” tienen su origen en la infancia, donde el niño no tiene los recursos ni la educación emocional para poder hacer frente a las cosas que le ocurren. Y cuando esa persona va creciendo esos recuerdos siguen doliendo y afectan a la vida y sobre todo a las relaciones de esa persona ya adulta. Trabajar con las experiencias del pasado es importante sólo cuando éstas están incapacitando a la persona para llevar una vida plena. Desde la Psicología Energética se trabaja ese componente inconsciente desde el Aquí y el Ahora en una terapia breve con el fin de integrar esas experiencias pasadas con los recursos y vivencias del presente.
Ya se están haciendo estudios comparativos con otras terapias psicológicas en Estados Unidos y se está demostrando que la llamada Psicología Energética, junto con las terapias que procesan los traumas a través de los movimientos oculares son terapias muy eficaces como son el EMI, Brainspotting y EMDR,  forman parte del grupo de las llamadas ahora “Power Therapies” (terapias de poder) que son capaces de proporcionar cambios controlados, rápidos y eficaces.
No hace falta pasar años en terapia hablando y hablando, enfocando la emoción, moviendo la energía y procesando de forma diferente se pueden conseguir resultados rápidos y eficaces.

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