Qué es el Triángulo Dramático

El “Triángulo Dramático”, se conoce también como el “Triángulo de Karpman”, y es una  herramienta  del Análisis Transaccional.
Es un juego psicológico que jugamos todos, hay tres roles, tres comportamiento que podemos adoptar: el de víctima, el de perseguidor y el de salvador. Se pone en juego en multitud de circunstancias pero sobre todo en las relaciones de pareja o familiares.
Cuando las conversaciones dejan de fluir, o se vuelven tensas o tenemos la sensación de que esto ya lo hemos vivido, que está pasando lo de siempre… entonces probablemente hayamos entrado en el Triángulo dramático.
Cada rol es promovido por una emoción, los tres roles siguen un patrón más o menos fijo del cual cuesta salir, ya que el comportamiento de uno “invita” el comportamiento del otro, y viceversa.
El perseguidor 
Se basa en un sentimiento de rabia o enfado. Lo que busca es castigar y reprochar, y se siente justificado para ello. Frases típicas son “¿Lo ves? Te lo dije” “Si no fuese por ti ya lo habríamos conseguido”. Se fija en los puntos débiles de los demás para acusarles.
El salvador 
El salvador quiere ayudar, quiere salvar y quiere solucionar los problemas de los demás. Suele intervenir sin que se lo hayan pedido, percibe un problema en el otro e intenta solucionarlo. Podemos pensar que este rol es positivo pero al final lo que crea es dependencia del otro y un sentimiento de deuda.
La víctima
La víctima suele tener una postura pasiva y triste, y reacciona desde la posición del indefenso: tiene miedo a lo nuevo, a cometer errores y a arriesgarse de la manera que sea. Sus frases típicas son «No puedo.» «Es terrible, ¿no te parece?» «Si, pero…»
La interacción 
Imagínate que el Salvador –S– decide ayudar a Victima –V–. V está contento y espera que S le resuelva la vida. Tarde o temprano llega el momento en que S se cansa porque V se engancha de él y no mejora ni sigue los consejos que le da. Si esto ocurre, se cambiará el paso del baile, de manera que S cambia de rol y se coloca en el rol del Acusador –A–. «¡Cómo esperas mejorar si nunca me haces caso!» Incluso es posible que S se coloca en el rol de V: «No puedo más. He hecho todo para ayudarte. Te he dado todo. Me siento utilizado». Con esto, V no puede quedarse en su rol, y también tendrá que cambiar de posición en concordancia con el nuevo papel asumido por la persona que empezó como S. Este tipo de juego o baile vamos encontrando en cada relación. Es más, cada relación tiene su propio patrón. La pregunta lógica sería:
¿Qué saca cada uno del juego? 
El Acusador evita involucrarse. Nunca tiene la culpa de nada y no se responsabiliza. Tal vez lo más importante es que puede mantener a todo el mundo a una distancia segura, con lo cual nadie llega a conocerle.
El Salvador se puede sentir importante, y hace que los otros dependen de él. Mientras se puede ocupar de la vida de los otros, tiene la excusa perfecta de no mirarse a si mismo. Esto es uno de los motivos porque el PAS se siente cómodo en este rol, y encima puede demostrar al mundo que es muy, pero muy buena persona. La mala noticia es que, mientras que se involucra a salvar a S, se va agotando. Tarde o temprano tendrá que tirar la toalla y cambiar de rol, simplemente porque físicamente no puede continuar como Salvador. ¿Y la Víctima?
La Víctima no tiene que pensar, ni tiene que tomar decisiones o asumir la responsabilidad. Si no fuera porque S se cansa de cuidarle, probablemente siempre se quedaría en la comodidad del papel de Víctima.
¿Por qué se llama el Triángulo Dramático?
Hablamos de “drama” porque, como en el clásico drama griego, este juego tiene un desarrollo previsible y siempre es negativo. El problema está en los actores no se hablan como iguales, sino que en cada diálogo siempre hay un rol que se siente superior, y otro que se siente inferior. Un factor añadido es que especialmente el Salvador le niega a la Victima su propia responsabilidad y, por eso, le quita la posibilidad de crecer.
Aun así es muy importante tener en cuenta que se trata de roles basados en sentimientos, en actitudes: Uno NO ES Salvador, Acusador o Víctima, sino, que durante el juego se comporta como tal.
También es importante saber que una persona puede jugar varios roles a la vez.
Os recomiendo un libro muy interesante sobre este tema, donde podréis hallar pautas para salir del triángulo dramático: “Cómo salir del triángulo dramático” de la Editorial Obelisco.

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