Que tu relación no sea tu cárcel

Para liberarnos de la sensación de soledad necesitamos establecer relaciones afectivas donde exista una verdadera intimidad emocional y necesitamos que éstas sean armoniosas. Para que las relaciones no se conviertan en una cárcel cada componente ha de tener la libertad para ser quién es, y estar en la relación no por compromisos adquiridos, ni por miedo a estar solos sino porque ésta proporciona el apoyo de un compañero de equipo que nos conoce, nos acompaña, y potencia nuestra vida. Esto solo se consigue cuando la relación se enfoca desde la cooperación y no desde la competencia.
Para llevar la paz a las relaciones es necesario que primero se aprenda a gestionar cada uno sus emociones y encontrar su origen. Negarlas o reprimirlas nos produce un  desasosiego que afecta nuestra relación, nuestra felicidad, nuestra salud y nuestra vida, por eso es importante aprender a tramitarlas. Cada persona es responsable de sus propias emociones y nunca se puede hacer responsable de las emociones de otro. Es imposible hacer que alguien sea feliz cuando esa persona no quiere serlo, por lo tanto cada uno ha de hacerse cargo de aportar su felicidad a la unión.
Las personas a tu alrededor no son responsables de que tú te sientas como te sientes. Tus emociones tienen que ver con tus experiencias previas y el punto de vista que adoptas al interpretar lo que ocurre. Muchas veces ese punto de vista ha sido establecido en tu  más tierna infancia. Porque las emociones son una reacción que tenemos a una interpretación, muchas veces hecha de forma inconsciente, de lo que está pasando.  Tus emociones se repiten en tu mente y tu pareja no es culpable de ellas. Sólo tú eres responsable de tenerlas. Además, es correcto y saludable que nos demos cuenta de nuestras emociones al tenerlas, ya que la represión de una emoción nos lleva a distorsionar la personalidad, y pueden aparecer síntomas muy dolorosos. Es importante por esto, como digo anteriormente,  que aprendamos a gestionarnos nuestras emociones.
La comunicación es una herramienta esencial en las relaciones, pero no siempre es efectiva por cuanto algunas formas no estructuradas de la misma producen o incrementan los conflictos. Muchas son las relaciones amorosas que se rompen al comenzar a comunicarse la pareja porque llegan al diálogo repletas de rabia, de recelo o sintiéndose víctimas de las actitudes del otro. Han esperado demasiado y las situaciones conflictivas les desbordaron. Se ha establecido una dinámica que puede resultar insostenible.
Cuando comenzamos a relacionarnos tratando de atraer a otra persona, normalmente mostramos lo que pensamos es nuestra mejor imagen y todo aquello de lo que estamos orgullosos. Y así vivimos un periodo de enamoramiento en el cual sólo nos relacionamos de forma parcial.

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