Ríete ja ja ja

risaEl humor es un excelente remedio contra la timidez y el miedo al ridículo: si somos capaces de reírnos de nosotros mismos y de nuestros complejos –con una autocrítica sana, no destructiva- . Como hace, por ejemplo, Woody Allen del personaje que representa en muchas de sus películas. Es una forma de decirse “me gusto a mí mismo y me acepto como persona con fallos”. El humor nos ayuda a ser más tolerantes y benévolos con nuestras propias imperfecciones, las de los demás y las de la vida en general, a relativizar y a ver las cosas en su justa medida, a pensar desde diferentes perspectivas. Albert Ellis, un psicólogo americano creador de la llamada Terapia Racional Emotiva, opina que muchos problemas emocionales provienen de tomarnos la vida con excesiva seriedad. En este sentido, podemos considerar el humor también como un antídoto contra el fanatismo, la cerrazón y la intolerancia. Como decía el Zaratustra de Nietzstche: “sea falsa cualquier verdad en la que no haya habido una carcajada”

A veces, la salida humorística nos permite enfrentarnos a una crítica u ofensa de una manera asertiva, en un término medio entre la agresión y el fingir que no pasa nada. En algunos casos, el humor puede desarmar al contrincante, cogiéndole por sorpresa. En otros, simplemente servirá para transmitirle una queja de una forma benévola o simpática. Se entiende que debe ser humor “de buen rollo”, con un mínimo de respeto so pena de que se vuelva en contra nuestra. A veces, el humor puede también utilizarse, no para rechazar los ataques recibidos desde fuera sino desde dentro de nosotros mismos, cuando hay una parte de nosotros que nos está machacando, desvalorizando. Nos podemos también dar permiso para reírnos de ella.

Nos puede servir para tomarnos un respiro y recuperarnos un poco frente a determinadas situaciones de tristeza, ansiedad o dolor emocional. Nos ayuda a tomar distancia de nosotros mismos y de nuestros problemas, a darnos cuenta de cómo a veces exageramos y distorsionamos la realidad, a tomar consciencia de situaciones absurdas, a descubrir nuevos horizontes, a ver las cosas desde ángulos inesperados.

Nos enseña a ser menos arrogantes, más humildes, a no tomarnos demasiado en serio. Deshincha la grandiosidad humana. Nos proporciona momentos de intenso placer y cercanía con otras personas. Puede servir de “colchón” para algunos conflictos interpersonales, pues es imposible estar enfadado y reír al mismo tiempo. El único riesgo aquí esta en excederse y que la otra persona sienta que no estamos tomándonos suficientemente en serio el problema.

Lubrica los canales de comunicación entre las personas. Ayuda a romper el hielo y a relacionarse de manera más distendida. Refuerza el sentimiento de camaradería entre los miembros de un grupo. Reduce la desconfianza y el miedo a acercarse a los demás. Alguien dijo, y no le faltaba razón, que “la risa es la distancia más próxima entre dos personas”

Reduce los sentimientos de desesperanza y abatimiento. Nos ayuda a desdramatizar los conflictos, a no tomar las cosas demasiado trágicamente, a descargar el exceso de estrés, a liberarnos de emociones negativas. Nos aporta frescura y una renovada alegría de vivir. Nos ayuda a elevar nuestra autoestima al fomentar la aceptación de nosotros mismos con nuestro lado luminoso y nuestro lado oscuro, con nuestros aciertos y nuestros errores, con nuestra fuerza y nuestra fragilidad.

Señala y critica los absurdos de nuestra sociedad, desvela la hipocresía y la injusticia social de una manera lúdica y divertida, atravesando a menudo las barreras de la censura. Reduce las distancias entre las personas y los roles dando una mayor sensación de cercanía, de igualdad. Por ejemplo, un profesor que sabe reírse con sus alumnos, se percibirá más próximo, más como un igual.

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