Técnica del tiempo fuera para niños

“Time out” en inglés. Es una técnica disciplinaria sencilla y segura que puede ayudarnos a controlar la conducta de los niños/as. Todo lo que necesitamos es: determinación, constancia, un cronómetro o pomodoro y una silla. Se trata de apartar al niño de los demás y de las cosas que le gustan durante un periodo de tiempo limitado. Es un método usado para ayudar a los niños, sobre todo pequeños, a calmarse y recuperar el control, mientras también nos permite a los adultos  recuperar nuestro propio autocontrol.
El “tiempo fuera” se usa cuando deseamos eliminar o cambiar una conducta específica e inapropiada: por ejemplo, cuando el niño/a hace rabietas, muerde, pega, contesta, etc. Los niños/as utilizan este tipo de comportamientos cuando quieren que les prestemos toda nuestra atención, para obtener lo que quieren o bien, porque no saben cómo expresar su enfado o sus necesidades. En estos casos, los adultos cometemos el error de ceder. Con el “tiempo fuera”, los adultos no cedemos y, además, les retiramos nuestra atención.
No debemos usar el “tiempo fuera” cuando deseemos que aumente una conducta, como lavarse los dientes, obedecer, recoger sus juguetes, etc. Los niños/as se portan mejor y repiten una buena conducta cuando han obtenido nuestro reconocimiento (refuerzo positivo). Nuestra aprobación vale más de lo que imaginamos.
El “tiempo fuera” tampoco es útil ni efectivo en caso de accidentes, conductas ligeramente indisciplinadas o tan sólo un poco molestas. Es recomendable tratar de ignorar este tipo de comportamientos, a menos que el niño/a esté en peligro de hacerse daño a sí mismo/a o a otros.
El tiempo fuera enseña a los niños:

  • La conexión entre la conducta y las consecuencias.
  • Alternativas a tener ataques de ira para conseguir lo que desean.
  • A controlar la ira, a tener paciencia, a elegir.
  • A darse cuenta de que el adulto habla en serio y no podrá manipularle.

No todos los expertos en el desarrollo infantil están de acuerdo sobre si el uso de este método es bueno para los niños.
Cómo usar el “tiempo fuera”
Para las familias que decidan usar el tiempo fuera recomendamos no utilizarlo con niños menores de dos años.
Antes de empezar a usar la técnica, debemos:

  • Explicarle al niño o niña lo que significa “tiempo fuera”.
  • Seleccionar una de las conductas que deseemos cambiar. Funciona mejor cuando se usa para cambiar sólo una conducta en particular.
  • Tener un cronómetro (tipo cocina) sencillo a mano.
  • Preparar una silla y escoger un rincón o lugar en una zona muy aburrida de nuestra casa, sin otros distractores atractivos para el niño/a, donde pueda recuperar el control y calmarse a solas.
  • Decidir el período de tiempo en el que el niño/a estará aparte y comunicárselo.

Probablemente mostrarán resistencia ante la nueva estrategia y, al principio, podrían aumentar la conducta inadecuada que intentamos eliminar. Pero no debemos rendirnos.
Se tarda de 6 a 8 semanas en cambiar permanentemente una conducta. La clave es la constancia.
Es recomendable tener todo lo necesario para poder aplicar esta estrategia cuando lo necesitemos.
Podemos elegir entre una de las tres variantes de esta estrategia:

  • Tiempo fuera de aislamiento: llevamos al niño a otra habitación en la que no pueda disfrutar de las cosas que le gustan (ver televisión, jugar con juguetes, etc.).
  • Tiempo fuera de exclusión: el niño permanece en la misma habitación, aunque sin la posibilidad de ver a los demás o de poder conseguir los reforzadores mencionados anteriormente. Este es un ejemplo de lo que se conoce como “rincón de pensar”.
  • Tiempo fuera de no exclusión: el niño o la niña permanece en la misma habitación observando cómo los demás se lo pasan bien.

Pasos a seguir:

  • Una vez que el niño o la niña comience a mostrar el comportamiento que queremos eliminar o cambiar, le daremos el primer aviso para que deje de hacerlo. Usaremos las palabras “si” y “entonces” para dar las advertencias y explicarle las consecuencias. Debemos ser constantes al aplicar esta técnica. (“Si no guardas tus juguetes en la caja, entonces cumplirás el “tiempo fuera”).
  • Si el niño persiste en su conducta, le llevamos a la silla o zona del “tiempo fuera”. De 2 a 6 años, tendremos que acompañarles hasta el área de “tiempo fuera”. A partir de los 7 años de edad, sólo les comunicaremos que deben irse a la zona de “tiempo fuera”.
  • No debemos regañarle ni pegarle, ni dirigirle más de 10 palabras en el camino a la silla. Podemos decirle cosas como “pegar a tu hermana no es algo aceptable. ¡Tiempo fuera!”.
  • A continuación, pondremos el cronómetro en marcha donde el niño o la niña pueda escucharlo y le explicaremos que el “tiempo fuera” se acabará cuando suene la alarma del cronómetro. Lo recomendable es cumplir un minuto por año de edad, tiempo suficiente para que entienda las consecuencias que tienen sus actos (por ejemplo, 4 años, 4 minutos). Para los niños o niñas, un minuto sin la atención de su padre o madre será una eternidad. Durante este tiempo no debemos hablar con él/ella ni prestarle ninguna atención. De manera simultánea, los adultos utilizaremos el “tiempo fuera” para calmarnos nosotros también.
  • Es posible que el niño o la niña reaccione negativamente ante los primeros “tiempo fuera” y quizá patalee, grite o se levante de la silla. Simplemente debemos hacer que se siente en ella de nuevo. Recordemos que lo que intentan lograr portándose así es que les prestemos atención. Debemos tratar de no ceder, a menos que el niño o la niña se está haciendo daño.  A los niños/as mayores de 7 años les informaremos que se añadirá un minuto de “tiempo fuera” cada vez que se levanten de la silla. Así sabrán que el tiempo se añadió como resultado de su conducta.
  • Cuando suene el cronómetro, el “tiempo fuera” habrá terminado. Entonces le pediremos al niño o a la niña que nos explique la razón por la que piensa que se le envió al “tiempo fuera” y le explicaremos las diferentes formas por las que puede expresar su enfado o captar nuestra atención de manera más positiva (por ejemplo: “Manuel, busquemos una manera mejor de demostrarle a Pedro que estás enojado con él, en lugar de pelear”).

Después de aplicar alguna de estrategias mencionadas, debemos reforzar y recordarle al niño/a cómo nos gusta cuando se comporta adecuadamente.

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