Counseling en la intimidad

Yo escucho unos minutos; luego se me acaba el counseling con los  compañeros, los amigos, los viajeros del autobús. No quieren más de mí. No puedo forzarlo… Sin embargo, muchas veces, aunque sólo haya sido por que les he dado una sonrisa o un minuto de mi tiempo, veo efectos. Una vez que te sientas escuchado, se permite el cambio, el confiar en tu validez como persona, en tu dignidad y en tu potencial; y las personas se ponen a cambiar; será la tendencia innata hacia la madurez, esa. Si la terapia es acercar el discurso del cliente a la realidad, la mitad del trabajo es escucharte. ¿Acaso me voy a creer yo más capaz que tú de conocerte, de ser capaz de elegir? Luego, después, si tú quieres y te dejas –y yo puedo- te ayudaré a reducir la confusión; favoreceré que cambies, cuando sea tu momento. Si te atrapas en emociones, intentaré hacerte consciente de ellas; sin conducción, sin dirección, sin interpretación, dejándote que recuerdes que serás tú quien se ayude a sí mismo, no diciéndote qué hacer, no haciéndote dependiente de mí.

La relación de ayuda es el intento de promover crecimiento, desarrollo y maduración, mediante el uso de los recursos latentes del individuo. “Promover y facilitar”. No es sufrir por el otro, sino inducir a que ellos hagan por sí mismos. Y recuerdo las cinco actitudes del amor, de David Richo. Te presto atención, te sonrío, te miro a los ojos; creo un vínculo. Te muestro mi aprecio, te informo de que me alegro de que estés en mi vida. Te acepto; te acojo tal como eres, recibiendo tu proceso, dejándote ser. Te muestro afecto; te toco. Te admito; te recibo y dejo que te desarrolles donde quieras.

Y si escuchar puede traerte un beneficio, también puede traérmelo a mí. Escuchar es hacerme libre; es renunciar a hacer valer mi opinión si el otro no quiere conocerla. Es liberarme de la necesidad de manifestarme y dejar que sea el otro el que lo haga. Y recibo la experiencia de no tener que satisfacer mi ego. Ése es mi counseling en la intimidad.

Cuanto más hago esto, más incondicional de mí me hago y más me quiero. No sé decir porque son las cosas de esta manera, así que sólo se me ocurre sugeriros probar. Mañana sonreíd y deteneos ante los que os encontréis; escuchadlos; centraos en ellos; aceptadlos y fijaos en sus sentimientos. Luego mirad como os sentís.

Pedro Fer Martínez Martín

Más información en counseling-escucha-activa

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