El Niño interior y otras partes

El trabajo con el niño interior es una poderosa herramienta para sanar nuestros traumas de la infancia, nuestros patrones disfuncionales y las conductas que nos hacen daño. El niño interior no es un niño sino una metáfora de ti mismo cuando eras pequeño, esa parte de ti mismo que todavía es niña, inocente, y tiene una necesidades que no fueron cubiertas.

Lucia Capacchione inició el movimiento llamado “reparentamiento de tu niño interior” en la década de los 70. La terapeuta sistémica Virginia Satir es conocida por trabajar con las diferentes partes de una persona en sus terapias. Descubrió que todos nosotros tenemos diferentes partes (el niño interior, la madre, el juez, el rebelde…) y que trabajando con todas ellas podríamos integrarlas y sanarnos.

Conectando con nuestro niño interior descubrimos información sobre nuestras heridas y las necesidades que no se cubrieron cuando éramos niños. A Partir de ahí Podemos desarrollar un plan para cubrirlas cuando somos adultos.

Susan Anderson habla de tres partes en nuestro interior: el niño interior, el niño externos y el adulto. Veamos con más detalle cómo son cada una:

El niño interior, tu pequeño tu mismo, es emocional, es tierno e inocente, y contiene todas tus necesidades primarias y sentimientos:

·         Es vulnerable e inocente

·         Sensible y emocional

·         Curioso, creativo y juguetón

·         Necesita amor, reconocimiento y validación

·         Busca sentirse conectado y Seguro

·         Es abierto de mente, no juzga

·         Expresa genuinamente y libremente lo que siente: enfado, tristeza, alegria…

El niño exterior es la parte responsable de nuestros autosabotajes, es la parte que protege al niño interior y lo hace actuando hacia fuera y poniéndonos en contacto con lo que nos rodea.

·         Pérdida de control de nuestras reacciones emocionales

·         Expresión del enfado sin medida

·         Es impaciente e impulsiva

·         Es egocéntrico y le mueve cubrir sus necesidades

El niño interior herido: es la respuesta a la negligencia emocional o psicológica que vivimos, a lo que nos faltó cuando éramos niños.

·         El sentimiento interno de que estas roto, que eres defectuoso, que algo te pasa

·         Miedo al abandono y a perder el amor de los demás

·         Inseguridad y baja autoestima

·         Pérdida de nuestra esencia y lo que somos buscando la aprobación de los demás

·         Miedo a poner límites y decir que no

·         Buscar la satisfacción instantánea a través del consumo de sustancias, o distrayendonos, o con comportamientos compulsivos o procrastinando.

El adulto integrado: es el resultado que tenemos cuando podemos establecer un diálogo entre nuestro niño interior y nuestro adulto real.

·         Conectado con el propio cuerpo y sus sensaciones físicas

·         Puede identifier y comunicar claramente las emociones

·         Es capaz de saber lo que necesita y pedirlo de forma asertiva

·         Sabe respetarse a sí mismo y establecer límites

·         Se cuida a sí mismo

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